Las hermanas estaban reunidas en su hogar. Las ruinas de
Palabakin eran un jardín de plantas y piedras encantador bajo la luz del día.
En el exterior se respiraba el aroma de la vegetación, el sol calentaba los
cuerpos y el empedrado y las voces resonaban entre las ruinas con armonía.
Debían tomar importantes decisiones sobre su futuro. Sus
mejores combatientes habían muerto, su forma de vida se veía amenazada por
sociedades más numerosas y poderosas. Si no cambiaban sus costumbres se
extinguirían y pasarían a ser una anécdota en la historia.
Todas las hermanas estaban reunidas en círculos
concéntricos, en los círculos más internos estaban las más ancianas cuya
sabiduría debía atenderse, después estaban las más jóvenes que debían atender y
formar parte del cónclave para perpetuar sus costumbres y dar un punto de vista
diferente al enfoque del clan. Por último estaban las adultas cuya mayoría
debía tener paciencia para escuchar la sabiduría de las ancianas, debía tener
temple para atender a las voces de las más jóvenes y tras escuchar a las demás
debía aportar su parte en el proceso. En el interior de los círculos estaban
las lideresas, tradicionalmente tres, para escuchar las opiniones de sus
hermanas y decidir de qué manera llevar a cabo la voluntad del clan.
En esta ocasión habían invitado a tres personas para que
participasen y ayudasen al clan con sus decisiones. Sara y Grerl habían
demostrado un verdadero interés por el bien del clan, eran aliados y
bienvenidos en su hogar por sus actos de amistad. Por otro lado las hermanas
habían invitado a un miembro de la baronía demostrando así su intención de paz
y cooperación. La fuente de este sentimiento era el bienestar del primogénito
del barón y en ese sentido el barón había enviado a la madre del susodicho que
agradecida quería estrechar los lazos entre el clan y la baronía. Acompañándola
el joven había acudido para presentar sus condolencias por la muerte de quien
le había salvado la vida.
De forma que los cuatro invitados, sentados junto a las
ancianas del clan contemplaban asombrados el despliegue del clan. Casi un
centenar de miembros que hablaban, reían y se demostraban afecto y los hacían
participes a ellos.
Llegado el momento las tres lideresas a las que el clan
había escogido temporalmente cruzaron la línea imaginaria del centro de la
reunión provocando un inmediato silencio. Una anciana que en su día había sido
una hábil luchadora y aportaba la voz del combate, una joven a la que las
hermanas consideraban una justa heredera de Sadivia, su coraje y sentido de la
justicia inspiraba al clan a seguir un nuevo camino y por último una adulta
respetada entre las hermanas por educar a las nuevas generaciones y aportar
sabiduría y generosidad entre sus semejantes.
Las lideresas expusieron la situación, su mermada capacidad
de defenderse, su situación de vulnerabilidad frente a sociedades que las
superaban y acabarían por destruirlas u obligarlas a desaparecer y la
importancia de tomar una decisión para evitar la extinción del clan.
Las ancianas tomaron la palabra, habían visto como el
liderazgo del clan había ido acelerando la situación expuesta, las decisiones
habían sido equivocadas. Usar la violencia o tratar de aprovecharse de otros no
las sacaría del atolladero. Pero se mostraban reticentes a postrarse ante otros
como anteriormente hicieron frente a las sombras, no querían convertirse en
títeres de un poder mayor que las usase como herramientas.
Las jóvenes opinaron: unas proponían tratar de armarse como
el reino armas y armaduras, entrenamiento marcial, tácticas, para convertirse
en un oponente digno; otras deseaban aprender de las sociedades que las
rodeaban y las superaban para encontrar la manera de crecer ellas mismas y
hacerse un hueco en el mundo por derecho propio; por último estaban las que
opinaban que al igual que habían hecho con ellas debían encontrar a grupos más
débiles y someterlos a su voluntad.
Las adultas debían tomar un tiempo para dejar que calasen
las opiniones del resto, pero antes de eso el clan decidió escuchar a los
invitados. Uno por uno se fueron alzando y aportando lo que encontraron
oportuno.
/Las hermanas: un clan de criaturas ahora afines al reino o al menos a la baronía su aspecto es el de mujeres en la mitad superior desde la cintura y enormes serpientes el resto.
La baronía: la región del reino en la que se han desarrollado la mayor parte de los acontecimientos hasta ahora, dirigido por Rajmatirub
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