martes, 19 de abril de 2016

32. Un piso más arriba



Aurim solo tiene que detener el enorme armatoste de madera mientras el hombre de la maza recupera el equilibrio por su impulso redirigido y la espada cae de las manos de un rufián repentinamente pálido y carente de fuerzas. El alabardero, mostrando más tenacidad y agallas que sus compañeros trata, desarmado, de clavar sus dientes en la pierna de la enana, pero la armadura metálica de Aurim convierte su intento en un acto fútil.
El hacha de la enana se descarga contra el hombre caído que sigue tratando de liberar la alabarda y lo detiene definitivamente. Mientras su escudo, en un rápido movimiento impacta con el canto en la mandíbula del hombre de la maza. Sin embargo, en un nuevo golpe, el hombre de la cachiporra impacta la pierna de la enana consiguiendo tan solo que hinque la rodilla con un gruñido de dolor. Sin embargo el ataque más peligroso es el del hombre del puñal que cerca está de acertar en el ojo de Aurim. Esta consigue evitarlo cuando su pierna cede y tan solo recibe un arañazo en el casco.
En un movimiento ascendente el hacha de Aurim deja un nuevo surco en el torso del larguirucho que cae inmóvil al suelo. Y el escudo detiene un nuevo embate de la cachiporra, haciendo que el brazo de Aurim se resienta. Pero la maza del testarudo rufián que queda desatendido se descarga en el mismo hombro que cubierto de la armadura aguanta el golpe mientras la enana aprieta los dientes.
Tras levantar la pierna del suelo Aurim desvía con el escudo el golpe de la maza y gira sobre sí misma para clavar en la cadera del voluminoso maleante su hacha. Este pierde impulso en su ataque pero aun así descarga en un golpe descendente su monstruosa arma y consigue arrancar un grito de dolor de la enana. Esta descargando la rabia acumulada estampa el plano del escudo contra la cara del ahora inclinado maleante mientras este se lleva una mano a la cadera y con el puño del hacha deja sin respiración al rufián de la maza enterrándolo en su abdomen.
Sin dar tiempo a que se recupere patea la rodilla más cercana del rufián que más daño la ha hecho y cuando cae de bruces al suelo entierra su hacha en la espalda del condenado. El maleante de la maza, la suelta y se rinde sin aliento y vapuleado. Mientras, el agente de la ley, que poco a poco ha ido retrocediendo fuera de la casa, consigue reducir al individuo del tridente con la ayuda de dos recién llegados compañeros de la guardia.
La enana observa la estancia, en cuestión de apenas un minuto a quedado salpicada de sangre y sus ocupantes en su mayoría han dejado de respirar. Tras un instante para recuperar el aliento y dejar que su cuerpo advierta que el combate ha terminado se pone en marcha. El ruido de la planta superior ha remitido, ¿Qué habrá sido de Nivialgaan?
-Esperad aquí si algún bandido trata de escapar detenedle y encadenadle junto a este.-señalando al rufián de la maza que agarra la dolorida mandíbula.- Y si es nuestro objetivo andaros con cuidado, puede ser muy peligrosa.
Apenas ha dado tres pasos por la escalera un orbe de oscuridad surge del piso superior.
-¡Nivialgaan la tenemos, ya llego compañera!- habiendo reconocido las artes de las sombras en la mística oscuridad que ha aparecido se adentra en la esfera tratando de aguzar el oído para encontrar a la criatura o a su compañera.
Tras recorrer un pasillo tocando la pared y a un lento paso para no tropezar con el mobiliario oye un forcejeo amortiguado. A tientas toca lo más cercano en la dirección de la que proviene el ruido y cuando al fin reconoce una puerta la patea y se adelanta, el ruido ha cesado y durante un instante que en la oscuridad parece una eternidad escucha una respiración acelerada.
-¿Nivialgaan eres tú?

/Vizdelhueyo es una ciudad importante del reino a la orilla de un lago y recorrida por un rio es un centro de comercio, cultura y política.
Aurim, Nivialgaan y Flervinald son miembros de una sociedad que ha jurado combatir a unas criaturas que amenazan al reino y a todas las criaturas que se interpongan en su camino.
Las sombras son una raza de humanoides de aspecto reptiliano con habilidades peligrosas que trabajan ocultas persiguiendo unos siniestros pero desconocidos objetivos. 

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