martes, 12 de abril de 2016

29. Bajo la luna sobre los tejados



Desde la altura de los tejados la ciudad tiene un aspecto muy diferente, la noche ayuda a la sensación de estar en un lugar muy diferente. La luna y las estrellas salpican Vizdelhueyo con suficiente luz como para que Nivialgaan pueda apreciar su entorno. Por la zona que se mueve los tejados tienen alturas muy similares y los callejones de abajo son suficientemente estrechos como para que desde la altura se puedan saltar para cruzarlos.
La figura a la que siguen había comenzado con bastante ventaja pero su confianza la ha salido cara, no esperaba que la siguieran por los tejados. Ahora Nivialgaan la sigue sin dejar que se pierda de vista. Sin duda su objetivo está en buena forma, es ágil y se conoce el terreno.
En la primera calle de una anchura decente que tienen que atravesar aprovecha la viga de la polea de un almacén para acortar la distancia. Nivialgaan, siguiendo sus pasos como un felino en plena caza, hace el mismo movimiento, pero de los guardias que la siguen solo uno consigue saltar con acierto la calle, el segundo guardia no acierta en sus pasos y cae a la calle, los que siguen se paran, mirando la distancia y a su compañero caído.
Acercándose al rio corren un tramo por una antigua muralla abandonada en medio de la urbe, la figura salta a los tejados que quedan a poca distancia del paso de guardia y corre de nuevo por ellos. Mientras Nivialgaan sigue sus pasos el guardia que las sigue salta desde una posición anterior, tratando de acortar distancias trazando una diagonal, pero al caer sobre un tejado este cede y el guardia cae al interior del edificio. Una trampa de alguien que se conoce los tejados como la palma de la mano. Nivialgaan empieza a sospechar que la figura no es el objetivo que creían que se encontrarían en el almacén, pero ya es tarde para dar la vuelta y sin duda algo sabrá este señuelo de la sombra.
Abajo en la calle los guardias gritan y señalan cada vez que ven a una de las dos, otras veces es ella la que tiene que gritar avisos u órdenes. Aunque en la distancia, Nivialgaan se alegra de que alguien sepa donde están, no sería agradable encontrarse una emboscada sin poder contar con ningún respaldo.
El esfuerzo está empezando a pasar factura a Nivialgaan, la figura está empezando a dejarla atrás aunque la tranquiliza ver que el rio no está muy lejos, llegará un momento en el que no tendrá a donde huir. Esto no parece preocupar a su objetivo que continúa manteniendo el ritmo con confianza. Nivialgaan se lleva una sorpresa cuando la figura al llegar al final del último tejado se deja caer, ni se para ni salta para tratar de caer al rio, si no que en paralelo a la pared del edificio se deja caer quedando fuera de su vista.
Cuando al fin llega al lugar Nivialgaan se asoma, un balcón parece ser la razón de la actuación de su objetivo, haciendo un cálculo rápido salta al balcón y tan rápido como puede se gira para ver el interior. Dos hombres fornidos empuñando espadas cortas la sonríen desde el interior, detrás de ellos una figura la observa con regocijo y la respiración acelerada. Sin duda se trata de una sombra, la piel escamosa y los colmillos serpentinos la delatan, pero está lejos de encajar con la descripción que les habían dado de su objetivo.
Nivialgaan desenfunda su estoque y da un paso al frente tomando una postura de combate, no había llegado tan lejos para que un par de rufianes se interpusiesen.-Estoy aquí por la criatura, tenéis la oportunidad de salvar el pellejo si os rendís ahora.- El aliento la falla, pero las palabras han salido con suficiente claridad, con su otra mano saca una daga de parada, los dos humanos cruzan las miradas, “unos pusilánimes que siguen órdenes”. Ignorando su impulso se lanzan contra ella, “y además unos incautos”.

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