Desde la altura de los tejados la ciudad tiene un aspecto
muy diferente, la noche ayuda a la sensación de estar en un lugar muy
diferente. La luna y las estrellas salpican Vizdelhueyo con suficiente luz como
para que Nivialgaan pueda apreciar su entorno. Por la zona que se mueve los
tejados tienen alturas muy similares y los callejones de abajo son
suficientemente estrechos como para que desde la altura se puedan saltar para
cruzarlos.
La figura a la que siguen había comenzado con bastante
ventaja pero su confianza la ha salido cara, no esperaba que la siguieran por
los tejados. Ahora Nivialgaan la sigue sin dejar que se pierda de vista. Sin
duda su objetivo está en buena forma, es ágil y se conoce el terreno.
En la primera calle de una anchura decente que tienen que
atravesar aprovecha la viga de la polea de un almacén para acortar la
distancia. Nivialgaan, siguiendo sus pasos como un felino en plena caza, hace
el mismo movimiento, pero de los guardias que la siguen solo uno consigue
saltar con acierto la calle, el segundo guardia no acierta en sus pasos y cae a
la calle, los que siguen se paran, mirando la distancia y a su compañero caído.
Acercándose al rio corren un tramo por una antigua muralla
abandonada en medio de la urbe, la figura salta a los tejados que quedan a poca
distancia del paso de guardia y corre de nuevo por ellos. Mientras Nivialgaan
sigue sus pasos el guardia que las sigue salta desde una posición anterior,
tratando de acortar distancias trazando una diagonal, pero al caer sobre un
tejado este cede y el guardia cae al interior del edificio. Una trampa de
alguien que se conoce los tejados como la palma de la mano. Nivialgaan empieza
a sospechar que la figura no es el objetivo que creían que se encontrarían en
el almacén, pero ya es tarde para dar la vuelta y sin duda algo sabrá este
señuelo de la sombra.
Abajo en la calle los guardias gritan y señalan cada vez que
ven a una de las dos, otras veces es ella la que tiene que gritar avisos u
órdenes. Aunque en la distancia, Nivialgaan se alegra de que alguien sepa donde
están, no sería agradable encontrarse una emboscada sin poder contar con ningún
respaldo.
El esfuerzo está empezando a pasar factura a Nivialgaan, la
figura está empezando a dejarla atrás aunque la tranquiliza ver que el rio no
está muy lejos, llegará un momento en el que no tendrá a donde huir. Esto no
parece preocupar a su objetivo que continúa manteniendo el ritmo con confianza.
Nivialgaan se lleva una sorpresa cuando la figura al llegar al final del último
tejado se deja caer, ni se para ni salta para tratar de caer al rio, si no que
en paralelo a la pared del edificio se deja caer quedando fuera de su vista.
Cuando al fin llega al lugar Nivialgaan se asoma, un balcón
parece ser la razón de la actuación de su objetivo, haciendo un cálculo rápido
salta al balcón y tan rápido como puede se gira para ver el interior. Dos
hombres fornidos empuñando espadas cortas la sonríen desde el interior, detrás
de ellos una figura la observa con regocijo y la respiración acelerada. Sin
duda se trata de una sombra, la piel escamosa y los colmillos serpentinos la
delatan, pero está lejos de encajar con la descripción que les habían dado de
su objetivo.
Nivialgaan desenfunda su estoque y da un paso al frente
tomando una postura de combate, no había llegado tan lejos para que un par de
rufianes se interpusiesen.-Estoy aquí por la criatura, tenéis la oportunidad de
salvar el pellejo si os rendís ahora.- El aliento la falla, pero las palabras
han salido con suficiente claridad, con su otra mano saca una daga de parada,
los dos humanos cruzan las miradas, “unos pusilánimes que siguen órdenes”.
Ignorando su impulso se lanzan contra ella, “y además unos incautos”.
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