Aurim ve a Nivialgaan correr hacia el tejado del edificio, han
oído el ruido de una trampilla. Decide salir a la calle, los guardias se
dividen y las siguen. Una vez llega a la plaza consigue ver la luz de los
guardias que había allí apostados alejarse por un callejón. Toma la misma
dirección con toda la rapidez que su armadura y el escudo la permiten mientras
los guardias la adelantan. La agria en gran medida el humor que sus cortas
piernas se interpongan en su deber, el sentimiento de frustración alimenta su
determinación y apresura el paso aún más.
Algún guardia se rezaga del grupo para indicarla el camino
cuando deben girar varios callejones seguidos y el último en hacerlo la guía a
la primera calle que merece el nombre que se encuentran.
-Un compañero ha caído aquí yo me quedaré con él hasta que
vengan con ayuda. El resto ha girado por la tercera calle, se dirigen al rio.
Al poco de avanzar por la calle un carruaje la alcanza y se
detiene a su lado mientras la puerta se abre.
-Amiga, el roble me envía, permítame llevarla.- Un mediano
vestido de cuero y con un ostentoso sombrero con una pluma la tiende la mano.
Aurim la toma y sube al carruaje, de todas formas cada vez están más lejos y
poco iba a conseguir corriendo por las calles.
-Mis hombres han girado por ese callejón.-
-Tuviq dirígete a la calle del abanderado. Trataremos de
cortarles el paso o si no al menos averiguaremos cuál es su siguiente paso. Mi
nombre es Arturo por cierto, un placer.
-Aurim, ¿cómo sabe la dirección que toman?
- Me se esta ciudad como un cocinero su cocina, y tengo
informes de una amplia cantidad de locales donde los que se dedican a delinquir
se ocultan o realizan sus actividades. La calle a la que nos dirigimos cruza su
ruta y desde ella podremos averiguar por donde la cruzan y por lo tanto a donde
se dirigen. Para entonces habrán cruzado una barriada bastante antigua, si se
ocultan allí me será fácil rodearla y evitaremos que huya, si continúa su
camino se dirige al rio y llegaremos allí sin demora.
-Muy agradecida, llevamos tratando de alcanzar esa sombra ya
hace unas semanas, sería un grave golpe que se nos escapase.
-El roble me habló de su misión, es muy extraño que una
criatura de la selva al otro lado de la cordillera venga al reino, estoy tan
interesado en averiguar que hace aquí como lo pueda estar su sociedad. Puede contar
con que no se nos escapará.
El carruaje avanza a una considerable velocidad, los
adoquines los obligan sujetarse en el interior del carruaje y los giros que
realiza el conductor consiguen levantar la mitad de las ruedas del adoquinado
en alguna ocasión. Al fin el carruaje se detiene y el tal Tuviq avisa al
mediano a través de la ventana.- La calle del abanderado señoría.
Con una intriga que está cerca de romper su concentración
“¿señoría?”, Aurim se baja del carruaje y mira por la calle en ambas direcciones,
la calle es recta y permite ver una buena distancia y por fin los guardias
aparecen por un callejón no muy distante. Aurim y Arturo se dirigen al
lugar para reunirse con ellos.
Uno de los guardias se detiene para presentar el informe
mientras el resto intenta recuperar el terreno que obviamente han ido
perdiendo.-Nos llevan una buena ventaja, han avanzado en línea recta desde que
abandonamos el barrio de los menesteres.
-Tuviq lleva a nuestra amiga y al guardia al paseo del rio
me encontraré con vosotros enseguida. Voy a hablar con mis informadores para
averiguar donde es posible que se dirija esa escurridiza sombra.
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