Los enemigos no se esperaban una respuesta tan disciplinada
y rápida, se enzarzaron en combate con los que primero llegaron quedando
expuestos a los ataques de los arqueros y sin poder evitar que los combatientes
más lentos les alcanzasen. Pero de entre ellos una criatura serpentina de gran tamaño
con brazos y torso humanoides pero cubiertos de escamas y una cabeza de cobra
empezó a lanzar ordenes en una lengua silbante.
Media docena de humanoides se separaron para lanzarse contra
los arqueros a lo que la hechicera de combate mediana que acompañaba al roble
se interpuso y usando el filo y las artes arcanas con la ayuda de Miuvin el
asceta de las montañas del oeste plantaron cara a la amenaza.
En medio del combate donde el grueso de las hostilidades
tenía lugar cayó una extraña oscuridad. Las criaturas se habían ganado su
nombre dignamente, trataron de aprovechar la oscuridad con que habían cubierto la zona y siendo
capaces de manejarse en ella, atacaron sin piedad. Varios de los
combatientes del flanco cayeron en la oscuridad.
Pero el hombre santo entonó un ensalmo trayendo de nuevo la
luz al lugar y dando una oportunidad a sus compañeros de rechazar al enemigo,
trataron de convocar la oscuridad de nuevo pero Filanem estaba preparado y usó
sus estudios arcanos para evitarlo.
El enemigo, acostumbrado a atacar a enemigos indefensos y
atemorizados, no estaba preparado para un combate en toda regla, sus
capacidades para atemorizar y manipular a sus víctimas no surtían efecto
gracias a las órdenes del roble y a la inspiración del bardo con su canto de
valor y heroicidades que intercalaba con pequeños conjuros para ayudar a sus
compañeros. Fueron perdiendo poco a poco
el combate hasta que su líder ordenó retirarse. Las criaturas trataron de
alejarse entre la espesura pero los arqueros les continuaron atacando y una
esfera de llamas se tragó a varios de ellos cuando Filanem descargó su furia
usando el famoso conjuro destructor. La batalla parecía haber terminado, las
armas goteaban sangre, los heridos gruñían y pedían ayuda, los pies se hundían
en el barro creado por la sangre y
tropezaban con los cadáveres. Los más avariciosos empezaban a buscar cualquier
pertenencia de valor que pudiesen llevar los enemigos caídos.
Al momento Famunides, el hombre santo y Osgarket un enano
que había sido sanitario de campaña en las fuerzas del reino, atendieron las
heridas de sus compañeros y dieron descanso a los que habían caído. La lucha
había sido costosa pero el enemigo había perdido al menos a seis por cada
compañero que había caído. Una mercenaria mediana, un guarda de caravana
semiorco y un combatiente callejero enano quedarían enterrados en el claro. El
problema era la debilidad que les atacaba, parecía ser que el veneno era otra
arma de las sombras.
Las mercenarias permanecían junto al cuerpo de su hermana de
armas y varios del grupo se acercaron para despedirse de los compañeros caídos.
No hacía mucho que se conocían en su mayoría pero sangrar juntos les había
unido de una forma que ni convivencia ni complicidad podía haber conseguido.
Ergderbert observó la espesura, los hostigadores
enemigos habían detenido su ataque, pero no sabía que había ocurrido con el
pequeño grupo que había enviado para neutralizarlos./Hipatia hechicera de combate mediana
/Miuvin asceta artista marcial de las montañas, semielfo
/Famunides hombre santo humano
/Filanem mago elfo
/Flervinald bardo
/Osgarket sanitario de campaña enano
/Ergderbert "el roble" humano agente del reino lider de la misión
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