miércoles, 23 de marzo de 2016

18. El corazón de la guarida



Huul dirigía el rito de sacrificio, sus elegidos debían recibir la bendición de las sombras antes de partir, los dos intrusos yacían a sus pies inconscientes y en su mano blandía la daga ritual. La sala estaba completamente a oscuras, la atmosfera se volvía densa con la presencia de los espíritus que les guiaban. Podía sentir su sed de sangre, su anticipación ante el sacrificio, como atendían su canto ritual ensalzándolos y prometiendo lealtad y honores. El poder recorría su cuerpo, quien se opusiese a la voluntad de las sombras perecería patéticamente.
Llevó la daga a la cálida piel de la semielfina bajo su oreja y acabando el cántico hundió el filo y lo deslizó hasta el otro lado de la garganta. La sangre abandonó el cuerpo de la mujer y en las sombras desapareció antes de tocar el suelo. Los espíritus se dieron un festín con su sangre y su alma, pudo sentir como las sombras temblaban y se retorcían a su alrededor. Pero algo las perturbó. Se disolvieron, abandonaron su presencia, le dejaron para que viese la luz descendiendo por la rampa que accedía a la sala de las columnas. El enemigo había llegado.
Huul se concentró, recogió todo el poder que le recorría y alzó una plegaria a sus señores. Un aliado para esta batalla. Un ser que castigase a los impíos entrometidos que profanaban su hogar. Su plegaria fue respondida. Un devorador de almas.
Ordenó a sus seguidores abandonar el lugar por el túnel de escape, él se encargaría de los intrusos y les daría tiempo para alejarse. Su misión era prioritaria.
El grupo era pintoresco, entraron en la sala mirando primero los cuerpos a sus pies y luego a él. No parecieron advertir al devorador de almas que se había ocultado en las sombras al otro lado de la sala. Los primeros en entrar fueron un reptiloide y una mediana seguidos de una pareja de elfos muy diferentes el uno de la otra. El problema llegó cuando entró el último intruso. El semielfo no se fijó en los cuerpos y tampoco en el propio Huul, miró más allá y vio a la criatura que debía acabar con ellos. Los rasgos del semielfo se desencajaron y se lanzó gritando contra el devorador de almas.
La estancia se convirtió en un caos, el sacerdote de las sombras trató de lanzarse hacia el túnel de escape mientras el combate entre el semielfo y el devorador de almas rugía y se movía por la estancia como un torbellino. La mediana y el reptiloide le cortaron el paso y para librarse de ellos oscureció la estancia. Huul se llevó una terrible sorpresa cuando la oscuridad desapareció y la estancia ahora bien iluminada mágicamente apareció más llena que antes, dos enanos y dos semiorcos reducían al devorador con violencia y rapidez y una humana se deshacía de un pergamino y levantaba una ballesta en su dirección.
La salida estaba detrás de los enemigos y su criatura no duraría mucho más. Usó su magia profana y convocó una honda de dolor y perdición a su alrededor, si sus enemigos estaban lo suficientemente dañados por los anteriores combates caerían y tendría una oportunidad de huir. No surtió efecto, el elfo había usado sus artes arcanas para disipar su poder antes de que surtiese efecto. Una saeta atravesó su pecho, una lanza se incrustó en su espalda y numerosos golpes le arrebataron la vida antes de que pudiese reaccionar.
Portos yacía de rodillas donde un instante antes estaba el derrotado devorador de almas, su respiración aún era agitada y tenía la vista fija bajo él, el cuerpo de su enemigo había desaparecido. Osgarket examinaba al roble, intentando salvar su vida y el resto del grupo, con mayor o menor rapidez se apresuraban por el túnel de escape, en pos de los huidos. Salomdiabel tomó el rostro del explorador entre sus manos y con voz suave le habló, tratando de sacarle del trance en el que se encontraba. Su misión aún no había terminado.

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