Justo cuando llegaban al punto seguro en el que cobijarse un
hombre se cruzó en su camino.
-Mirdred eso que has hecho está muy mal.
La mediana hizo una mueca, una sonrisa torcida que intentaba
ocultar su nerviosismo.
-Yo no lo he hecho, los que lo han hecho son estos
extranjeros.
El hombre corpulento y cubierto por capa y capucha guardó silencio, levantó una mano y media docena de guardias se abalanzaron sobre
ellos. Llevaron a Mirdred por otro lado mientras retenían a la pareja que ya se
veían encarcelados y amenazados por una cofradía.
-Me podéis llamar el roble, es como se me conoce por aquí.
Lamento haberos hecho pasar por todo esto, no muchos habrían sido tan
persistentes y convincentes para ayudarnos a localizar la guarida de dos
cofradías en una noche. Mi amigo os prometió una recompensa por las cascaras y
os las pagará, yo por mi lado os daré la recompensa que hay por los que
consigamos atrapar esta noche. Os aconsejo llevaros la recompensa y abandonar
la ciudad sin entreteneros, para evitar represalias. Mientras, podéis ser mis
huéspedes.
Pasaron el día siguiente descansando en una casa cómoda
atendidos por un servicio muy bien educado que no parecieron sorprenderse por
los invitados que su señor les había llevado. Éste por su parte les acompañó
mientras iba recibiendo los informes de la conclusión de su plan. Les contó por
encima quien era y a lo que se dedicaba, fue sincero en sus disculpas y también
cuando les ofreció mantener el contacto en beneficio de todos, sus actividades
parecían solaparse más de lo que deseaban y nunca estaba de más tener alguien a
quien acudir en ciertas circunstancias.
Dos años más tarde acudieron a Normelerto y tras seguir su
rastro por la región terminaron localizando al roble. No tardó en aceptar
organizar la misión. Mientras movía sus redes de informadores para averiguar
cuanto pudiese de las sombras de la selva Sara y Grerl reunieron conocidos,
mercenarios y expertos para la búsqueda.
Habían reunido un nutrido grupo, a los que se les habían
unido algunos agentes del roble, todo apuntaba a que sería una misión exitosa,
pero el roble no estaba tan seguro, apenas había conseguido información de este
grupo y los rumores señalaban que eran realmente peligrosos.
Los informes les llevaron hasta el borde de la civilización.
Una aldea abandonada durante el derrocamiento del dragón Fesvelriakt y su
estirpe unas décadas atrás. Este grupo parecía haberse hecho con el área de
influencia del dragón y había conseguido rechazar los intentos del reino por
colonizar la espesura. Rumores de envenenamientos y maldiciones mantenían a
todos los sensatos lejos de esta zona.
Acamparon en el lugar antes de internarse en el territorio
de las sombras, todos estaban preparados, la moral estaba alta, se oían bromas,
risas e incluso Flervinald el bardo entonaba una melodía picante, para
acompañar el ambiente.
Grerl estaba al pie de un árbol, tomando su cena cuando
Ergderbert se le unió ofreciéndole una copa de vino. Grerl le agradeció el
gesto mientras el humano se sentaba a su lado.
-No entiendo que festejan, estamos en el linde del
territorio de unos peligrosos enemigos a punto de lanzarnos a lo desconocido
para lo que seguro será una lucha difícil y de la que no todos saldremos. ¿Qué
se piensan, que no pueden ser ellos los que acaben alimentando a los gusanos?
-Todo lo contrario amigo mío, piensan que pueden
ser ellos los que no vuelvan de esta… búsqueda. Por eso aprovechan cada
instante en el que aún están vivos para disfrutar. Quedarse en un rincón
malhumorado y sin compañía no aumentará sus posibilidades de sobrevivir, así
que mientras tengan ganas disfrutaran de lo que la vida les ofrezca.
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