miércoles, 23 de marzo de 2016

15. En el cubil de las sombras



Los túneles estaban más ordenados de lo que parecía, partiendo de cada entrada descendían en espiral en el mismo sentido conectando todos los niveles. Entre las espirales varias salas se conectaban. Estas salas servían de vivienda, almacén, talleres y los usos que necesitasen los habitantes. Su aspecto era el de la piedra escavada, carecían de decoración ni una manufactura pulida o rematada. En general eran un conjunto de cavernas manufacturadas, ahora casi vacías, entre las que no sería difícil perderse ya que no había referencias de ningún tipo.
A medida que descendían las curvas de las espirales se acercaban y morían en una sala principal. Su uso debía ser importante ya que esta sala si presentaba un aspecto más cuidado. Varias columnas sostenían el techo abovedado. Las columnas y sus arcos daban el aspecto de estar cubiertos de escamas. Y el suelo estaba alisado y lo habían cubierto de alfombras que a causa de la humedad daban un olor desagradable al lugar que trataban de ocultar con inciensos con un resultado poco acertado, una atmosfera espesa y agridulce que embotaba los sentidos.
Bajo esta sala estaba la última estancia de la guarida. Conectada por dos túneles con el salón anterior. Aquí una capilla se utilizaba por los dirigentes del lugar para reuniones y su oscuro culto.
Las sombras que aún quedaban en el complejo terminaban de recoger las pertenencias que podían cargar mientras el último miembro del consejo una vez recogidos todos los documentos y tesoros de su culto preparaba misivas para sus aliados y contactos avisándoles de su cambio de localización. Enviaría a sus más hábiles agentes para asegurar su entrega.
Todo se torció cuando se dio la voz de alarma. Los intrusos habían llegado a su guarida sin previo aviso. El líder hizo llamar a sus principales agentes mientras enviaba al resto de sus secuaces a interceptar a los entrometidos que amenazaban su hogar.
Una vez se reunió con los elegidos les explicó su misión de vital importancia para su organización. Tardarían años en reunir de nuevo los contactos que debían localizar. Era el momento de demostrar su entrega para la causa o morir en el intento.
Ponzoña era un fuerte combatiente totalmente comprometido con la congregación. Su carencia de miedo o remordimientos le habían permitido completar misiones que muchos otros de la organización no habrían sido capaces de enfrentar. Tendría que ir a las cumbres del sur y contactar con las tribus incivilizadas que crecían día a día y podrían convertirse en tropas feroces y sanguinarias para un enfrentamiento abierto.
Sibila era una hechicera peligrosa sedienta de poder que aspiraba a dirigir las sombras un día. Por ahora se debería conformar con dirigir los asaltadores de las dunas del este que obedecían a la congregación.
Lucrecia había sido bendita con el aspecto más humano de toda la congregación y se había vuelto muy hábil con el engaño y la persuasión; la enviaría a contactar con la red de infiltrados del reino. Era importante saber sus movimientos de antemano y vital el poder influenciar en su política y administración.
Hueso era su aprendiz en el culto sombrío que seguía la congregación. Aunque combatía como el mejor de sus subalternos también había demostrado que su fe era resistente y los entes sombríos a los que adoraban estaban contentos con su entrega. Tendría que acudir a la nueva localización del culto para avisar del ataque de los intrusos.
Por último estaba Filo, el asesino más eficaz de la congregación su misión era de sangre y advertencia. La tribu que había secuestrado al hijo del barón les había contrariado y eso no se podía permitir. Debía reunir una partida de castigo y no dejar ni un alma con vida. La reputación de las sombras debía ser repuesta.

No hay comentarios:

Publicar un comentario