Grerl estaba tranquilo, la pequeña criatura había decidido
hablar con ellos en un idioma que podían entender. Su hija era poderosa con las
palabras, los idiomas de los mamíferos no podían equipararse en poder con el
suyo que descendía de los mismísimos dragones y que en cada silaba reverberaba
de poder arcano, pero aun así contenían más poder que el propio sonido que
pronunciaban, había visto a su hija evitar luchas, convencer a desconocidos y
sacar provecho de situaciones que parecían imposibles. Ella era poderosa con
las palabras y así librarían el último escoyo en esta búsqueda, con suerte.
Sadivia contó a los desconocidos lo que sabía. Sus
congéneres, las tres hermanas que gobernaban el clan, en su búsqueda de poder
habían acudido a la misma fuente que el antiguo príncipe que habitase este
lugar. Igual que aquel pensaron que saldrían ganando con el trato y al igual
que aquel se equivocaron.
El trato sería intercambiar al primogénito del barón por
secuaces con los que someter a las aldeas cercanas. Tras el secuestro del niño
las sombras habían acudido al barón pero no habían cumplido con el clan. Les
tenían esperando mientras cosechaban los frutos por los que ellas se habían
arriesgado.
Sadivia pretendía devolver al niño donde pertenecía, era
inocente y no sacarían nada reteniéndolo. El barón no suponía una amenaza para
el clan si este permanecía unido, pero las sombras eran lo que la preocupaba,
aunque no hubiesen cumplido su parte del trato contrariarles liberando al niño
sería una afrenta que pagarían, tarde o temprano. Un error del clan que pagaría
el clan y que los ancestros las amparasen cuando las sombras descargasen su
furia contra ellas.
Sara atendió las explicaciones de Sadivia, mostraba una
fidelidad a su clan encomiable pero se aferraba a la moralidad en su decisión
de no tomar provecho del secuestro del niño humano. Su discurso parecía sincero
y aunque mostraba cierta ingenuidad no parecía estar engañada.
Se llevarían al niño, con lo que cumplirían su contrato pero
dejarían a ambas sociedades bajo la amenaza de estas sombras. Aún podían sacar
provecho de esto si traían paz a estas gentes, aunque requeriría más personas
que su padre y ella, tendrían que planificarlo con cuidado.
Recogieron al niño al amanecer y al salir tomaron lo que
encontraron de valor de los cuerpos de las dos criaturas que habían muerto en
el exterior. Por poco aprecio que Sadivia tuviese por las difuntas no se
arriesgaron a saquear el cadáver de la tercera en su presencia. Dejaron el
alfanje, no les serviría de nada y el clan necesitaría armas para lo que se las
avecinaba. Pero sacarían buenos beneficios de los adornos de las criaturas y el
corto filo de la criatura junto al árbol parecía esconder algún poder arcano.
Discutieron como actuar y las conclusiones a las que habían
llegado. Grerl como siempre mostró respeto por los que se aferraban a los
valores de la unidad, para con su clan, familia o congregación del tipo que
fuese, deseaba honrarla del modo que estuviese a su alcance. El materialismo de
su hija tampoco le cogió por sorpresa, pero como siempre se alegró de que
tomase la elección que le parecía correcta, aunque fuese por las razones
equivocadas.
Fueron recibidos con honores por el barón, algo a lo que no
estaban acostumbrados. Normalmente se encargaban de los trapos sucios y
mientras los influyentes se llevaban el mérito a ellos los despachaban por la
puerta de servicio, si es que no trataban de escaquearse del pago, ¿Quién
velaría por la justicia de dos parias frente a los nobles o los poderosos?
Recibieron pago y halagos, permanecieron tanto
como la cortesía les exigió y trataron de evitar una represalia contra el clan
y dejar claro quiénes eran los verdaderos enemigos ahora que las tres hermanas
estaban muertas.
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