-Podéis contar con dos docenas de mis hombres, elegidlos
vosotros mismos. Espero que esto ayude a convencer a esa tribu de nuestro
apoyo, quizá podamos forjar una alianza frente a un enemigo común.- El barón se
mostró muy comprensivo con la situación, cosa que Sara y Grerl agradecían
profundamente conociendo toda la historia.
-Contamos con nueve supervivientes de la expedición y
vuestros veinticuatro hombres, debemos partir inmediatamente, vuestros hombres
se nos unirán en cuanto puedan, los pueden escoger los compañeros que quedan
aquí, y aun así tendremos el tiempo justo para llegar antes que el enemigo. En
marcha.- Habían convencido a Ginebra,
Esmeralda, Flervinald, Aurim, Hacharoma, Miuvin y Osgarket para acudir en ayuda
de la tribu de Sadivia, el resto estaban heridos o tenían razones personales para
concluir su colaboración. Lo que les dejaba sin más ayuda arcana que la de Sara
y Flervinald. Al menos contaban con Osgarket para cuidar de sus heridas.
Partieron inmediatamente aunque quedaban pocas horas de luz,
no pararían por la noche, el grupo se podía desenvolver bien con la poca luz que
daba la noche y una ocasional antorcha. No contar con ningún explorador era un
problema, esperaban que no les causase mucho retraso o algún inconveniente. Al
menos Sara y Grerl ya habían hecho ese camino con anterioridad.
El ánimo del grupo se resentía, todos los sacrificios que
habían hecho hasta el momento no habían sido suficientes, el enemigo seguía
amenazando al reino. Habían perdido a muchos compañeros por el camino y además
habían tenido que despedirse de otros que de una forma u otra habían abandonado.
Estaban cansados, no habían tenido tiempo suficiente para recuperarse y estaban
de nuevo avanzando contra un enemigo desconocido. Mostraban una tenacidad y una
decisión impresionantes, sin duda eso sería lo que decantase el enfrentamiento,
si sobrevivían a él.
En las pocas ocasiones en las que paraban a comer algo o
descansar el tiempo imprescindible el grupo les hacía preguntas sobre la tribu
de Sadivia y se mostraron preocupados de las aparentes similitudes con las
sombras. Sara habló con vehemencia de como Sadivia les había salvado la vida de
su propia congénere, de la información que les había facilitado, del honor
mostrado al devolver al barón a su hijo sin pedir nada a cambio. Pareció
suficiente para calmar la incertidumbre, confiaban en el juicio de Sara.
Llevaban lo que quedaba del equipo de la expedición: unos
pocos viales de antídotos y dos pergaminos para contrarrestar la oscuridad que
el enemigo convocaba con tanta facilidad. También habían aprovechado lo más
útil de los objetos que sacaron de la guarida de las sombras. Aunque
difícilmente significaría una ventaja en el combate, esperaban que salvase la
vida de algún compañero.
Recorrieron una gran distancia en lo que a Sara y Grerl les
pareció poco tiempo comparado con la primera vez que habían acudido a las
ruinas de Palabakin. Ya desde la distancia escucharon gritos y el entrechocar
del metal. La lucha había comenzado y ellos apenas tenían tiempo para llegar.
Aceleraron el paso apenas con aliento suficiente, prepararon las armas y se
lanzaron gritando contra el enemigo.
Un nutrido grupo de bandidos tenían problemas para
sobrepasar a un trío de guerreras del clan. Sadivia lideraba a sus hermanas manejando el alfanje
que heredase de las anteriores líderes del clan. Y con la furia y lealtad que
la diferenciaba alentaba a sus hermanas en el combate mientras daba cuenta de
un bandido tras otro, sin perder ni un palmo de terreno. Al oír llegar al nuevo
grupo levantó la vista con preocupación, ¿quién más venía a acabar con ellas?,
pero al reconocer a Sara y Grerl entre los recién llegados comunicó. –Aliados
hermanas, no desfallezcáis, no les permitiremos amenazar nuestro hogar.
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