El interior del palacio había quedado diáfano, tan solo las
columnas que sostenían el techo permanecían en su lugar. Alrededor del trono y
la escalera que conducía hasta este la mayoría de los suelos también habían
cedido, quedando un abismo negro e insondable. Parecía el interior de un gran
cadáver pétreo.
Alrededor del trono unos candelabros con unas pocas velas
iluminaban una improvisada cama. Unos cojines y unas sábanas cubrían un niño
que descansaba plácidamente mientras una de las criaturas que vivían en el
lugar lo arrullaba y lo acariciaba como si se tratase de una amante madre.
Cuando Grerl ascendió tan rápido como pudo la, en su momento
suntuosa, escalinata, la criatura se deslizó interponiéndose entre el niño y el
reptiliano.
-No permitiré que lleves al niño a tus horribles amos.- El
idioma de la criatura era desconocido para Grerl, pero intercambiar palabras
con ella solo le retrasaría y eso era un riesgo que no quería correr.
Grerl se enfrentaba a una enorme serpiente cuya cabeza se
había remplazado por un torso femenino cuasi humano. Se cubría el pecho con una
blusa raída con varias plumas de colores entretejidas y de su recogido cabello
azabache sobresalían dos varillas de madera tallada. Sin armas la criatura se
encaró con Grerl, tenía una mirada amenazante, totalmente decidida no mostraba
miedo ante la lanza del reptiliano.
Grerl se lanzó contra la criatura lanzando rápidos
aguijonazos, tratando de empujarla y alcanzar al niño, pero pese a los cortes
la criatura no cedía un palmo, se retorcía y trataba de atrapar y desviar la
lanza, pero no permitía a Grerl alcanzar al niño.
Grerl percibió un cambio en el aroma que lo rodeaba: al olor
de las velas ardiendo y el de día lluvioso que desprendía la criatura que se le
enfrentaba se unió otro. Una mezcla de flor perfumada y madera quemada.
En su silbante idioma una voz femenina potente y autoritaria
dijo a espaldas de Grerl -Sadivia apártate, el saqueador es mío.- Este no lo
había entendido pero la actitud de su contrincante se volvió sumisa sin dejar
su fiereza y ¿preocupación?
La criatura que le persiguió desde el exterior le había
alcanzado, no había sido lo suficientemente rápido. Viéndolas a las dos a la
vez era clara la diferencia. No solo la que venía del exterior estaba armada,
era más grande y sus adornos eran más ricos y variados. El peinado y la confección
de su diminuta vestidura eran de mucha mayor calidad. Debía ser de una mayor
casta en su sociedad.
El combate fue abrumador, el hacha que blandía la enemiga de
Grerl cortaba el viento, cortó el asta de la lanza y estuvo a punto de partir
su pecho en dos. El mástil del candelabro resultó ser metálico lo que le salvó
de varios poderosos impactos. Lo que sorprendió a Grerl es que la pequeña
criatura se enroscó cubriendo al niño y no participó en el combate para ayudar
a su congénere.
De repente, estando Grerl desviando varios furiosos ataques
al borde de la plataforma del trono escuchó un familiar sonido. La cuerda de la
ballesta de su hija al destensarse había desvanecido varios de sus problemas,
este no iba a ser el caso, sin embargo si podía tornar el desenlace del
combate.
Sadivia quedó confusa, la que acababa de entrar era una
humana, ¿podía estar aquí para rescatar al niño? ¿Podía llevar al inocente
muchacho a un lugar seguro? ¿Por qué ayudaba al reptiliano entonces?
¿Significaba que trabajaba para las sombras de la selva?
El combate acababa de dar un vuelco pero ni
mucho menos había terminado. Ágata sacó de un tirón la saeta de entre sus
escamas y mostró amenazadoramente su dentadura a la recién llegada.
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