martes, 8 de marzo de 2016

8. Primer contacto



Portos era considerado uno de los mejores exploradores del reino, no había tenido muchas oportunidades de explorar la selva por la que ahora se movían, pero tenía suficiente experiencia como para ser la mejor elección del roble para encontrar la madriguera de esas sombras de la selva.
El roble le había encomendado misiones en muy pocas ocasiones. Parecía moverse más por las urbes. Pero las ocasiones en las que había colaborado con él, el objetivo había sido peligroso e importante. Seguía colaborando con él para alcanzar su destino. La sed de venganza le alimentaba, le había llevado donde otros habían perecido por hambre, sed, frio, insolación, enfermedades o por puro terror. Apenas sabía nada del objetivo de su fijación, pero esos devoradores de almas pagarían todo el mal con el que habían cargado a este mundo.
Recorrían la extensión de selva que rodeaba el rio sierpe astuta, nombrado así en honor al antiguo reptil que dominaba esta zona cuando Portos no era más que un crío. Su madre le había contado terroríficas historias del poder y la codicia de los dragones y Fesvelriakt era uno de los peores.
La selva en la que se internaban estaba más allá de los bordes del reino, lo que explicaba el fornido grupo que se había reunido para esta misión, pero los comentarios del roble le hacían ver que no sabían exactamente a lo que se enfrentaban. Por suerte era difícil coger a Portos con la guardia baja.
La compañía nunca le había gustado especialmente, mucho menos en un grupo tan grande cuando estaba acostumbrado a recorrer lugares despoblados con ninguna o poca compañía, pero esta ocasión era diferente, Salomdiabel era una druida de los bosques del norte, una elfina como la madre de Portos y una mujer excepcional, como pocas había conocido. El mutuo respeto por la naturaleza, sus espíritus y sus secretos les había conciliado desde el principio y habían descubierto confianza y pasión con mucha rapidez.
Sin duda esta misión no era como ninguna otra en la que hubiese participado hasta la fecha. Exigiría de sus participantes lo máximo que pudiesen ofrecer. Solo les quedaba esperar que eso fuese suficiente para sobrevivir.
Una vez se hubieron alejado suficiente de la civilización empezó a encontrar rastros de su objetivo. Las pisadas indicaban que los grupos reunían a varios individuos humanoides acompañados de una o dos criaturas de cuerpo serpentoide y tamaño considerable. Esto le ayudó a advertir su primer encuentro antes de caer en una trampa.
Sin duda los habitantes de esta zona ya debían conocer su presencia, tendrían vigías muy bien preparados ya que Portos no los había detectado pero advirtió señales de que un nutrido grupo les esperaba en la espesura. Avisó al roble a través de señales ocultas que dejaba atrás según avanzaban, de forma que si les observaban no fuese obvio que esperaban la emboscada.
Localizó el lugar, un meandro de un afluente del sierpe astuta especialmente despejado que cruzarían en poco tiempo. Quedarían expuestos a arcos y cualquier arma que usasen desde la protección de la espesura mientras les rodeaban cortando la retirada.
El grupo estaba sobre aviso. El hombre santo entonó plegarias que les protegiesen y ayudasen durante el combate, los dos usuarios de magia arcana que les acompañaban lanzaron varios conjuros preparándose para lo que viniese y los combatientes aseguraron sus armas y armaduras y se prepararon para soltar el resto del equipo que pudiese obstaculizar sus movimientos en combate.
Entraron en el claro rodeando a los no combatientes dejando en la linde sus pertenencias y con los ojos recorriendo la espesura en busca de sus enemigos. La primera flecha silbó sobre las cabezas de los primeros tratando de alcanzar a los miembros protegidos del grupo pero toparon contra las defensas mágicas que habían alzado.

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